¿Venganza?

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Escribe Andrés Bilbo:

Linda época para viajar al Norte por tierra. Una manera de compartir el viaje con los amigos que no van: en el camino, pensando lo que les vamos a contar; y de regreso reviviendo en con ellos todo que vimos e interpretamos. Y qué buena está la ruta 3; con esas “dársenas” en las subidas para que los camiones no estorben el tránsito; y con un asfalto parejito, hasta Caleta por lo menos, que hace notar la diferencia cuando pasás por otras provincias. Tenía la intención de contar sobre las alternativas y curiosidades que me llamaron la atención en el viaje, como una manera de darle un destino a algunos de los apuntes que llenan libretitas cada vez que ando el camino; y pensaba explayarme sobre lo linda que está Piedrabuena (“Linda y cerca”, como ellos dicen), que no deja de crecer en expresión artística y cultural, con sus murales que la convierten en una ciudad museo, y el cuidado que tienen sus HABITANTES con su pueblo (“la ciudad más limpia no es la que más barre, sino la que menos ensucia”, decía mi abuela Laura); pensaba hablar del crecimiento que ha tenido en estos años el paraje Tres Cerros, una parada que hoy da gusto hacer después de haber sido un lugar invisible para el viajero; y comparar con la mugre y la mala atención de la YPF de San Antonio Oeste. Pero me quedo con el comentario sobre la patética imagen que despide al turista en la salida de Güer Aike: el bustito de don Jorge Cepernic. Primero me indigné con el “escultor” de ese adefesio; después pensé que era a propósito la fealdad de ese orejudo contrahecho que pretende ser la representación del ex gobernador (esa falta de respeto no puede ser casualidad ni sincronicidad); y más tarde me acordé (sin relacionarlo, por supuesto) de la antigua y proclamada aversión que tiene hacia él, don Hugo Peralta papá del gobernador Daniel Román, comparable solamente con el odio hacia el mismo enemigo que compartía con José López Rega; entonces me acordé de la guerra (primero fría y después no tanto) que desde la CGT Peralta, y desde el Ministerio de Bienestar Social el Brujo, desataron; y después, me acordé de la intervención a la Provincia por ellos alentada, con detenciones indiscriminadas, allanamientos ilegales y otros tipos de atropellos, preludio de la dictadura asesina. Otra puede ser la causa de la existencia de ese mamarracho: “lo barato sale caro”, decía mi abuela Laura. En fin, no es el único esperpento en la ciudad (que ya se podría llamar: “Ciudad del ridículo escultórico”), no olvidemos del “Marinero” que desapareció de la plaza de Prefectura; el cura en la puerta de la iglesia en la avenida Kirchner; ¡el Favaloro en la guardia del hospital!; la Evita original antes de que la mejoraran un poco, en la rotonda de la terminal; y sigue la lista.