MAFALDA EN SU SOPA

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La exhibición “Mafalda en su sopa”, nació “a sugerencia de su autor, Joaquín Lavado, Quino, quien el año pasado se acercó a la Biblioteca para ver la muestra del humorista argentino Alejandro del Prado, Calé”, dijo a Télam Judith Gociol, integrante del equipo del Archivo de Historieta y Humor Gráfico Argentinos, de la Biblioteca.

El objetivo de la iniciativa era saber “qué había sucedido, qué había pasado con los lectores de Mafalda y cómo se había expandido el personaje por fuera de publicaciones”, agregó Gociol, curadora de la muestra.

“Mafalda nos quedó prendida”, “Quino se nos hizo un amigo que nos comunicó la alegría” “aliviaba la pena de estar en cautiverio” “fue un gran resorte para la supervivencia”, se lee en una de las cartas que forman parte de la muestra y que fue enviada a Quino por Graciela, presa política, durante la dictadura militar argentina.

Esta mujer, que falleció hace ya unos años, estuvo detenida en un campo de concentración de Santiago del Estero, al igual que su marido, y le envió junto a otras mujeres privadas de libertad, la carta a Quino, quien la acercó a la muestra.

Durante la inauguración los hijos de esta mujer leerán la carta de agradecimiento que le escribieron a Quino relatando parte de su vida sin sus padres y lo que significó este personaje a lo largo de sus vidas.

“Mafalda está hecha de trazos que no terminan en un papel; de niños nos la dieron como si fuera un alimento, nos presentaron a Libertad, pequeñita, pero estaba bien, existía, caminaba. En la cárcel no solo encierran gente, sino también encierra los abrazos, la libertad”, dicen en la carta.

Con otro tono, la muestra presenta una “tarjeta que le enviaron a Manolito en el Día del Almacenero, en la que le dicen ‘deseamos un feliz reparto y un próspero supermercado. Saludos a Mafalda, Susanita y a sus padres’”, firmada por Sonia y Loti, que llegó a manos de Quino, por cartas que eran enviadas a la revista Primera Plana o a la editorial De la Flor.

Otra carta de las niñas Clementina y Florencia de Tres Arroyos, le manifestaban a Quino “que querían ser escritoras, le preguntaban qué es un prólogo y a qué edad había comenzado a escribir”.

“Me parece muy bien que quieran ser escritoras” “hay que conocer muy bien la gramática” “hay que leer mucho a los escritores” “y un escritor no puede cometer faltas de ortografía, así que empezamos mal porque Tres Arroyos, se escribe con “y” y no con “ll”, como escribieron “, les respondió Quino, con una pizca de cariño y humor.

El autor de la querida Mafalda también recibió una misiva de una joven de Países Bajos, quien le contaba que había podido adquirir las revistas en una librería de Lima, Perú, y que la primera luego la COMPRÓ cuatro veces, para regalarla a una amiga, y porque otra se había roto de tanto leerla.

Otra carta fue escrita por Eva Lorena Pierro, una niña que a los diez años vivía en La Plata, cuyos padres fueron perseguidos por la Triple A, y se refugiaron en Mendoza y revela las peripecias vividas a partir de ese acontecimiento, contó Gociol, quien rastreó a los autores de esas cartas.

“La triple A vino a llevarse a mi papá, vivimos escondidos en una quinta”, decía la chica que también contaba de una mudanza de un barrio a otro en Mendoza.
“La vuelta en democracia la había asociado con Mafalda que me ayudó a pensar el acontecer del mundo”, decía esa niña, que hoy tiene 40 años, y es periodista en su provincia.

Un grafiti realizado por un colectivo muralista en homenaje a un adolescente chileno que fue asesinado por la policía de su país, llamado Ariel Antonioletti, y al que de niño llamaban “Guille”, por el personaje de la historieta, también forma parte de la exhibición.

Ariel amaba la lectura contó su madre y en el mural, dibujado en la comuna central chilena, se lo representó leyendo una revista en cuya tapa en blanco y negro está dibujada Mafalda con los ojos cerrados sobre un globo terráqueo.

El rastreo de fanáticos también llevó a los curadores de la muestra a dar por internet con el tobillo de una chica que se tatuó a Mafalda.

También integran la exhibición invitaciones de casamiento con tiras de la historieta y una carta de una mujer tucumana que le pedía permiso para ponerle a su negocio el nombre de “Manolito” otro de sus entrañables personajes.

La mujer, que hoy tiene 80 años, en agradecimiento le envió a Quino unos caramelos y él le respondió que esos dulces eran los que comía en su infancia.

Desplegada en la sala Juan L. Ortiz y en la Plaza Rayuela, la muestra incluye fotos del merchandising, grafitis en paredes, y una imagen de una calle en Bélgica que se llama Mafalda. En el hall de la Hemeroteca, figuran homenajes hechos a Quino y en el quinto piso, se puede ver el guardapolvo que le firmaron los maestros en la carpa docente en la década del 90, que se levantó en la Plaza del Congreso.