La patas de la sota

RUDY Y NEGRA

LA DÉCADA GANADA

La joven Mirta Malena Espina estrenó su muy buena voz en los micrófonos de LU 14 junto con la democracia, y a la vez otras de sus cualidades: la delación. En el “confesionario” de monseñor Alemán, poniéndolo al día con esa radio de “zurdos”. “Se  fuma marihuana, algunos toman demasiado vino y que varios engañan a sus parejas”. El obispo transmitía al gobernador Puricelli esas “preocupaciones”, y el ministro Amador Iglesias se encargó de limpiar al director y demás enemigos políticos, merced a esas alcahueterías, y ella se regodeó declarando contra sus compañeros en el sumario correspondiente. Premio: el pase al canal 9. Allí cuentan que, los días que no faltaba, solía escribir grafitis en el baño sobre sus compañeras, denunciando obsesionada infidelidades varias. Se recuerda a Mirta, ramo de flores en mano, visitando a la flamante mamá Cristina Fernández de Kirchner (había nacido Florencia).

Tras un breve paso por ese noticiero enganchó un conchavo en canal 2 con el pelado Agostini, y desde allí empezó a descargar editoriales contra el gobierno, y se dio tanta manija que pidió en el canal estatal su retiro voluntario. Pero; el pelado arregló su pauta y chau opositor; Mirta, “traicionada” lo abandonó. Empezó un programa en LU 12 con Barabino que dijo haber sido estafado cuando le birló la recaudación publicitaria.

Fue funcionaria nacional nacional con la Alianza, pero duró lo que De la Rúa. Y otra vez en la puta calle.

A Néstor presidente, tuvo la suerte de cruzárselo; lo saluda ostensiblemente y le pide que la ayude, que tiene dos hijos, que necesita obra social, etc. Néstor le indica al Bicho Ocampo que le den una mano: “pobre negra”. Rápidamente, contrato en el canal 9, trabajó una semana, y no fue más. En 2007, con alcahueterías varias desbancó a Luis Mendoza de Cadena 3; ya con Peralta gobernador intentó su reingreso al convenio del sindicato de televisión; pero no trabajaba en canal alguno desde hacía 3 años y seguía cobrando. El propio Peralta le señaló la irregularidad que subsanaron con la complicidad del obispo Romanín y la radio clerical, donde duró poco porque la echó la hermana directora. Y así siguió, en el limbo de los ñoquis, cobrando sin trabajar.

Eso sí, denunciando “corrupción K” frente a todos los micrófonos y redes sociales. A su manera Mirta tuvo su “década ganada”: doce años de cobrar sin trabajar; hasta que hace poco reapareció por la casa de gobierno reclamando porque le retuvieron el sueldo, y desafiando “¡a ver quién se atreve a echarme!”. No supo explicar dónde prestaba servicio, aunque parece que ya algún “correligionario” en un ente provincial le firma el recibo para que siga currando y ejerciendo su “honestidad e independencia periodística”.