IDENTIDAD DE LA PALABRA

palabras-2

Quizás como una forma de comunicación, tal vez para que sirviera como entretenimiento, o no se por qué, en la confitería “Nippur” de  Río Gallegos ponían sobre las mesas, mantelitos individuales con el dibujo de una hoja de cuaderno que los parroquianos solían utilizar como anotador. De hecho, la ocurrencia se convirtió en el lugar común de garabatos, “pensamientos”, poesía y mensajitos.

Un día encontré escrito en una de esas “páginas”, un cortísimo pero elocuente “diálogo” entre dos adolescentes que habían estado largo rato ocupando la mesa:

TE QUIERO

YO IGUAL

Me llamó la atención, y seguramente el asunto quedó en algún escondite de mi memoria, que se abrió cuando en la “mesa de café” salió el tema de la búsqueda de la identidad de los santacruceños, y más especialmente de estos hoy cien mil riogalleguenses que abarrotamos la ciudad. Conté la anécdota de los pibes y cómo me había impresionado ese mensaje con dos distintas caligrafías y una misma lapicera. Antes de poder desarrollar la idea que me surgía al respecto, Pepe Martínez Martín se adelantó con una interpretación llena de romanticismo y no falta de certeza:

— Cuatro palabras que sintetizan —dijo con su acento madrileño—, en una mutua declaración, la base de la existencia misma de la raza humana. Sin el amor nunca hubiéramos llegado hasta aquí. Sin el amor no tendríamos razón para existir. Sin el amor no seríamos quienes somos.

Nos dejó mudos por un momento. A continuación se desató un vendaval de frases ingeniosas, pensamientos históricos, y no faltó quien terminara por calificar de estupidez, a tan estimulante tema de conversación.

Traté de rescatar el sentido de lo que yo quería examinar —antes de que naufragara irremediablemente— y pude volver a la cuestión de la identidad de los que trajinamos Santa Cruz, explicando que, además de ser una simpática huella de la imaginable escena, esas cuatro palabras —o mejor dicho, una— muestran una característica propia de los santacruceños; una particularidad que nos diferencia del resto de los argentinos: en ninguna otra región de nuestro país, se utiliza la palabra “igual” reemplazando a “también”.

Ese hallazgo hizo que la cosa retomara el interés de la rueda. Se reafirmó con un montón de ejemplos (“yo tengo hambre, igual”; ”el salió corriendo, igual”; “me dijo que él viene, igual”), y hasta se agregaron nuevos términos y giros que pueden ser característicos de una forma de hablar santacruceña, igual.

“Le sacó la mugre”, haciendo alusión a una sacudida real o figurada; “lo pasé a llevar”, lo llevé; “cachirulo”, cachivache, auto viejo; y una infinidad de regionalismos auténticos y no tanto, surgieron de inmediato y nos motivaron a encarar la tarea de recopilar seriamente, un glosario de “santacruceñismos”… en algún otro momento.

— La historia y la filosofía, madres de las ciencias, nos han enseñado que el que es dueño de las palabras, es dueño del mundo que lo rodea —insistió Pepe en cuanto se hizo un paréntesis en la conversación— La milenaria tradición lingüística nos ha enseñado que ponerle nombre a las cosas es poseerlas…

Trató de continuar pero no tuvimos el valor de dejarlo. El asunto que estaba quedando claro, era que desde el lenguaje podemos aportar pistas, que nos ayuden a encontrar algún hilo de la urdimbre que teje nuestra buscada identidad.

Fue entonces que Domínguez contó la experiencia que vivió hace algunos veranos, en una estación de servicio de Bahía Blanca (de paso y vacacionando hacia Mar del Plata) cuando a miles de kilómetros de nuestra provincia, encontró —casi con emoción— rastros inconfundibles de nuestra personalidad como pueblo.

Sentado en el inodoro de uno de los baños, se entretenía leyendo los graffitis que escrupulosamente grabados en la madera de la puerta, sobrevivían a pesar de las recurrentes manos de pintura. Se encontró así, en un costado, con una serie en la que de arriba hacia abajo, los mensajes se sucedía con referencias cronológicas y se relacionaban sociológicamente:

AQUÍ ESTUVO UN CORDOBÉS

                VICTOR HUGO CHIAPERO

                11/11/89

(La impronta de un tipo orgulloso de haber nacido seguramente en “Córdoba Capital”. Una minoría étnica tan influyente como criticada a lo largo de la historia de los argentinos).

TE HUBIERAS  QUEDADO ALLÁ

                HÉCTOR AGUILERA DE LA PATERNAL

                18/1/90

(Un porteño ratificando el antagonismo con los mediterráneos).

NO ESCRIBAN BOLUDECES

                CARLITOS, BAHÍA BLANCA

                12/9/91

(El bonaerense queriendo entrar con prepotencia en el antagonismo “Capital versus interior”).

AQUÍ ESTUVO LUIS LASALLE

DE AVELLANEDA ¡AGUANTE EL ROJO!

3/12/91

(Nunca falta un fanático de Independiente).

¿POR QUE ENSUCIAN ESTA PUERTA QUE

NO ES DE USTEDES?

                EDUARDO V. DE SAN JUAN

16/2/1992

(Un cuyano “light” queriendo emprolijar lo imposible).

EN LAS COSAS DE LA VIDA

YO VENIA Y USTED IBA

ESCRIBIENDO DE AQUÍ ABAJO

ME CAGO EN LOS DE MAS ARRIBA

                MARIO EL DE LAFERRERE 1992

(Evidentemente, en un momento fisiológico y culminante, la humilde condición social de su barrio, influye en la poesía de Mario y su intención ideológica).

Al final, la huella:

MANGA DE CHILOTES

                CHARLY HERNANDEZ

                RÍO GALLEGOS – 2/11/1992

(La identidad que dan las palabras, denuncia a este Charly: inconfundible e irremediablemente santacruceño).

Del libro “Crónicas santacruceñas de Joaquín Arroyo”, de Roberto Arizmendi.