HABLO CON MIS AMIGOS

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Escribe Joaquín Arroyo: 

Vuelvo de pasar un par de meses en Buenos Aires y Córdoba, donde recurrentemente desde hace seis, siete u ocho años, vivo una experiencia producto de la realidad virtual en que viven en las grandes ciudades: Hablo con mis amigos, que forman parte de esa pequeña mayoría urbana  “psico-progre-lumpen-tilingo-tardofrepasistas” (en fin, clasemedias con complejo de culpa), y corro el riesgo de crisparlos, y terminar quién sabe cómo, cuando les pregunto por qué no adhieren al proyecto nacional, y son opositores del gobierno que representa al pueblo (“colectivo” al que pretenden defender). Ni qué decir cuando se me escapa un: “Antes no te importaba nada y ahora te importa todo”. Mi pretensión es discutir de política, y ellos me hablan de modales, urbanidad, ceremonial y protocolo, policiales, psicología, medicina general, judiciales, religión, y otras secciones de los diarios que los leen; y para colmo muchos contienen un odio inexplicable que no logran contener.

En mi intento por mantener un diálogo cercano a la inteligencia menciono algunos resultados de estos últimos diez años, que sacaron del desastre a nuestro país: haber creado seis millones de puestos de trabajo; incorporado dos millones y medio de jubilados al sistema que no permitía su inclusión; haber fortalecido la industria nacional; haber ampliado el mercado interno a niveles históricos; haber devuelto la dignidad al argentino; y tantos otros logros sin contar (para no confundirlos) recuperaciones que involucran revalorizar el rol del Estado. Entonces resulta que, ojo que estoy hablando de personas que supongo decentes,  reconocen las mejorías… Pero…

“Cuidado, como decía mi abuelita: El ladrón cree que todos son de su condición”, suele ser mi respuesta cuando esquivan la política por el lado de la sección policiales. “No discuto de religión”, cuando me cuentan con todo detalle intimidades, planes, intenciones, vida cotidiana, contubernios, haciendas y fortunas de los funcionarios, conjuras, rumores y leyendas en lo que creen a pie juntillas. “Hablemos de política”, insisto… Y no hay caso.

Entiendo a don Arturo Jauretche cuando dice: “Odian las minorías que siempre han gozado de privilegios y prebendas a costa de los otros, cuando ven que sienten que pierden esas ventajas”. A los que no entiendo es a esos “otros”, los que pertenecen a “las mayorías que no odian y se ocupan de seguir avanzando en la recuperación de su dignidad y la conquista social de sus derechos”, y no se dan por aludidos, opinando como los neoliberales, haciendo el caldo gordo para sus explotadores.