El Primer Genocidio de la Historia Argentina

Recordemos un nuevo aniversario del asesinato del General Ángel Vicente Peñaloza, el Chacho. El 12 de noviembre de 1863 es el hito clave del genocidio perpetrado por Bartolomé Mitre y sus coroneles. “Guerra de policía” le llamaron a la invasión y conquista de las provincias; los ranchos con ancianos y chicos, arrasados; las mujeres, violadas y convertidas en esclavas sexuales; los combatientes degollados, ya rendidos, indefensos; robo y muerte recibieron los pueblos federales.

RANCHO DEL CHACHO

12 DE NOVIEMBRE DE 1863:  ASESINATO EN OLTA, LA RIOJA, DEL MONTONERO “CHACHO” PEÑALOZA. Por Daniel Chiarenza

Después de Pavón, la dominación del interior se realizó mediante operaciones del ejército, invasiones de gobernadores aliados al gobierno nacional “mitrista”, apoyando golpes liberales o por la pasividad de quienes veían lo inevitable. En La Rioja se sublevó el general Ángel Vicente Peñaloza, el Chacho; fue vencido en más de una oportunidad, sufriendo el fusilamiento de oficiales que caían prisioneros, por lo que hizo la paz con las tropas nacionales en mayo de 1862. Sin embargo, antes de un año planificó un nuevo alzamiento, coordinado con otras provincias cordilleranas que sufrían una tremenda miseria sin ser auxiliados por Buenos Aires. Peñaloza le pidió ayuda a quien antes fuera su aliado, Urquiza, pero éste, sin responder negativamente, no colaboró en la lucha contra la prepotencia de Buenos Aires.

“El Chacho”, el 13 de octubre de 1863, volvió a reunir mil hombres en Los Llanos y se dirigió contra San Juan a reprimir los excesos de su gobernador, Sarmiento.

Éste tiene un verdadero ejército cuidando la ciudad. Sandes ha muerto, pero está allí Irrazával con tropas pedidas a Paunero, a Mendoza, a todas partes, y viene Arredondo desde La Rioja. Aquello, según escribiría, era una trampa para “cazar la fiera”.

En Caucete, a cuatro leguas de San Juan, se da la batalla el 30 de octubre; Arredondo e Irrazával vencen fácilmente, y el Chacho debe volverse a Los Llanos sin llevar consigo a Sarmiento. En Malayán (Los Llanos) los montoneros se dispersan; el Chacho se refugia en la casa de su amigo Pablo Oros, cerca de Olta.

Desde la casa de Oros escribe a Urquiza intimándole a contestar concretamente si se pondrá al frente de la revolución. Si no fuere así “tomaré el partido de abandonar la situación retirándome con todo mi ejército fuera de nuestro querido suelo argentino a mendigar el pan en el extranjero antes que poner la garganta a la cuchilla del enemigo”.

Irrazával, que con Arredondo revuelve Los Llanos en busca de montoneros, encuentra en Malayán una partida de 24 hombres que fueron del Chacho. Los apresa “y acto continuo se les tomó declaración” dice el escueto parte; declaración bajo tortura con cepo colombiano, se entiende.

No se sabe qué pasó con los declarantes, pero uno -apodado Pancho “el minero”- se prestó para llevarlos hasta el refugio del jefe. Se encomendó el operativo al comandante Ricardo Vera (12 de noviembre). El parte de Irrazával dice que “murieron seis” de los tomados en Malayán. Seis murieron en el cepo colombiano y el séptimo habló.

Vera llega a la casa de Oros y encuentra al caudillo desayunándose (es decir tomando unos mates) con su familia. Entrega su facón al intimársele. Vera manda a avisar a Irrazával que ha quedado en Malayán.

“¿Quién es el bandido del Chacho?”, pregunta éste al entrar en la casa; “Yo soy el general Peñaloza, pero no soy un bandido”. Irrazával arrebata una lanza a un soldado y se la clava en el vientre, sin importarle la presencia de la esposa ni de su hijastro menor. Le corta la cabeza, saca una oreja que manda a don Natal Luna de La Rioja, y el remanente lo pone a la expectación en un palo en la plaza de Olta.

Sarmiento, director de la guerra, felicita a Irrazával y pide su ascenso y el de Vera. Confecciona un parte, aunque Irrazával no sabe escribir, a pesar de que es un sicario de Sarmiento: ¡Padre del aula, Sarmiento inmoral, Gloria y loor…! para hacer aparecer al Chacho muerto en pelea. (Años después llevado por su imaginación febril, dirá que lo mató “él mismo en la pelea”). Como desde Buenos Aires se le quejan porque ha trascendido la forma de la muerte y la expectación de la cabeza, escribe que “ha aplaudido la medida precisamente por su forma”, ya que suprimidas en la Constitución de 1860 la prohibición de ejecutar a lanza y cuchillo, hacerlo era perfectamente constitucional. Y “sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, no se habrían aquietado las chusmas en seis meses”. A la esposa del Chacho, doña Victoria Romero de Peñaloza, la lleva encadenada a San Juan y le  ordena que barriese la plaza.

Murió el Chacho. Pero en la discreción de las casas gauchas, se oía por las noches al son de la guitarra:

 

“Peñaloza diz que es muerto,

no hay duda que así será.

¡Tengan cuidado salvajes

no vaya a resucitar!”.

Versión completa del poema de León Benarós, interpretado por Jorge Cafrune.

La muerte del Chacho.

Con imágenes del lugar histórico de Loma Blanca y Olta.