COMPRENDER 1982, seguir malvinizando

Por Miguel Auzoberría

Hace unos días me sorprendió la “polémica” en torno a los soldados movilizados durante la Guerra del Atlántico Sur.  Para quienes vivimos de cerca el conflicto bélico desde Río Gallegos fuimos testigo de la presencia de soldados que tenían una función específica custodiando la frontera o las costas en prevención de un ataque al continente.

También quienes estábamos aquí, desinformados por la prensa de la época y escuchando radio de onda corta para saber sobre el desarrollo del conflicto, teníamos claro al principio de la guerra que los comunicados de la junta militar hablaban del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur que a grandes rasgos incluía Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Malvinas e Islas del Atlántico Sur; y de un día para otro no se habló más de esa forma y fue Malvinas.

Mucho no sorprendía porque al inicio de la recuperación de las Islas, Puerto Stanley se llamó Puerto Rivero, muy poco duro ese arrebato de nacionalismo y lo rebautizaron Puerto Argentino sin dar muchas explicaciones. Pero en fin, era coherente con la errática conducción política y militar de la junta durante la guerra.

En abril de 1982 el semanario “Cuestiones de Río Gallegos”, editorializó acompañando con una contratapa ilustrada, su visión sobre la diferencia entre el neoliberalismo de la dictadura militar, y el sentimiento del pueblo por un proyecto nacional y popular, contenido en el amor por nuestras islas. Esto les costó a sus periodistas, censura y persecución, incluido el cierre compulsivo.

Un dato que pocos recuerdan, el 29 de abril de 1982: Durante la Guerra se elevan proyecto para la privatización de empresas públicas.  Aunque parezca increíble el Ministro de Obras y Servicios Públicos Ingeniero Sergio Martini, elevó un proyecto para privatizar 17 empresas en manos del estado. El ministro, dice el diario Clarín, indicó que el plan “está dirigido a fortalecer la estructura básica de la economía argentina”.

El plan comprende a la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Entel); Empresa Nacional de Correos y Telégrafos (Encotel); Argentina Televisora Color – Canal 7 (ATC), Aerolíneas Argentinas, Ferrocarriles Argentinos, CONARSUD Asesoramiento y Consultoría S.A.; Obras Sanitarias de la Nación, Hidroeléctrica Norpatogónica (Hidronor S.A.), Agua y Energía Eléctrica, Servicios Eléctricos del  Gran Buenos Aires (Segba), Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), Yacimientos Carboníferos Fiscales (YCF), Gas del Estado, química Río Tercero.

Y como si esto fuera poco, el propio Ministerio de Economía proponía a la Secretaria de Planeamiento los proyectos de privatización de empresas y organismos de su área. El informe constaría de 15 capítulos que incluyen: Seguros Aeronáuticos Empresa del Estado, Caja Nacional de Ahorro y Seguro, bancos oficiales, Instituto Nacional de Reaseguros, Casa de la Moneda, Austral Líneas Aéreas S.A., Corporación del Mercado Central de Buenos Aires, licitaciones mineras, sociedades de economía mixta, tenencias accionarias del Banco Nacional de Desarrollo, Papel Misionero S.A., Siam S.A., Lagos del Sur S.A., Corporación Argentina de Productores de Carne (CAP), Compañía Nacional Azucarera S.A.

No logran enajenar el patrimonio nacional, a lo que públicamente se había opuesto la CGT Brasil, y la Multipartidaria. También el aislamiento social del proceso militar que se fue acentuando a medida que la guerra avanzaba con resultados negativos para nuestras fuerzas. En el futuro ya vendría Menem para hacer ese trabajo.

La pregunta clave es: ¿se podía llevar adelante una guerra anticolonialista con un Ministro de Economía (Alemán) y Canciller (Costa Méndez) connotados abogados de empresas de capitales ingleses?, estos son dos botones que muestran claramente las contradicciones del proceso militar. 

Teniendo en cuenta que la primera hipótesis absolutamente errónea y fundamental, era la de esperar una neutralidad “benévola” por parte de los EEUU. La presunción de que Estados Unidos mediaría para lograr una solución satisfactoria entre su aliado anticomunista del Sur y su aliado europeo de la OTAN, no iba a prosperar.

Ya el 3 de abril al otro día del desembarco argentino en las islas, en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas – donde se esperaba un apoyo internacional – se chocaron con la realidad tres gobiernos que cuentan con poder de veto (EEUU, Gran Bretaña y Francia) votaron en contra. Los gobiernos de la URSS y China se abstuvieron.  Únicamente Panamá votó por la postura argentina. Aquí encontramos otra de las estrategias por lo menos ingenua – para ser benévolos- que era pensar que la URSS nos iba apoyar por las toneladas de cereales que la dictadura les vendía a los rusos.

Hasta último momento Galtieri esperó “la ayuda estadounidense”; cuando a mediados de abril el presidente Reagan anunció que su país ayudaría con todos los medios a su alcance a Gran Bretaña, los submarinos atómicos ingleses ya surcaban las aguas del Atlántico Sur. Galtieri comprendió que su apoyo con 500 instructores militares a Centroamérica, para apoyar los planes yanquis de invasión a Nicaragua y El Salvador no tenía la retribución esperada.

Era una prueba cabal de donde estaban nuestros amigos. Al tiempo que en todo el continente sudamericano surgían muestras de apoyo a la reivindicación argentina sobre las Islas Malvinas, aquellos pueblos hermanos tantas veces despreciados por el gobierno argentino mostraban su solidaridad.  Galtieri había afirmado en su momento que era imperioso ubicarse junto a Occidente y su canciller Costa Méndez se había referido despectivamente hacia los países del Tercer Mundo, cinco meses antes.

Por todo esto y muchas cuestiones más es necesario comprender 1982, y discutir seriamente Malvinas en todo su contexto. Porque no todos los veteranos de guerra admiten que a su regreso se les prohibió hablar de lo sucedido, de su experiencia, de los casos puntuales de maltrato o estaqueo de soldados, de las condiciones en que se desenvolvió la guerra, hablar del silencio y el abandono por parte del estado de los ex combatientes, de las secuelas post bélicas, de los suicidios o fallecimientos por estrés post traumático por las tensiones vividas. Proponer tan siquiera una atenta lectura del Informe Rattenbach, sería oportuno para empezar a realizar un balance de los errores cometidos y aprender de la experiencia vivida. Porque a 39 años de la Guerra de Malvinas muchos veteranos son reacios a abordar estas cuestiones que son tan necesarias.

Discutir incluso que se buscó con la Batalla de Malvinas; porque ningún honor histórico se salva cuando no hay decisión de luchar contra el imperialismo y la dependencia. Porque no podíamos hacer una guerra contra un imperio, si al mismo tiempo se entregaban nuestras riquezas, se fomentaba la famosa “bicicleta financiera” desde el mismo palacio de hacienda, y se destruía la industria nacional liviana.

Ese honor histórico se salva cuando el pasado es asumido plenamente e integrado a las grandes luchas reivindicatorias de las mayorías nacionales. Hay conciencia nacional cuando se conoce verdaderamente la historia de la patria dentro de un contexto latinoamericano. Una historia en común con nuestro continente que claramente quedó evidenciada ante la gran avalancha de solidaridad que tuvo nuestro pueblo por parte de los pueblos – y algunos gobiernos – del continente.

En honor a los pilotos que lucharon valientemente, a los soldados que también lo hicieron en las Islas Malvinas, debemos abordar estas cuestiones pendientes para seguir Malvinizando con un verdadero conocimiento del proceso histórico.

En las Islas quedaron los Mártires de la causa de Malvinas; entre nosotros tenemos el orgullo de contar con los que regresaron: los Héroes de Malvinas; y debemos darle un lugar en esta historia a las mujeres enfermeras – que recién ahora están logrando visibilidad –que estuvieron recibiendo heridos en Comodoro Rivadavia, en el continente.

Y también a los conscriptos movilizados al teatro de operaciones que en su momento tuvieron su reconocimiento y que un decreto de 1988 se los quitó. Porque ellos fueron claves en asistir a los aviones, cargarlos de lo que se necesitaba en Malvinas, cuidar la frontera y aguardar atentos en nuestra extensa costa un posible ataque enemigo. Reconocer esa participación también es malvinizar. M.A.A.