PROGRESISMO, ETAPA SUPERIOR DE LA TILINGUERÍA

Del libro “Relatos de la Segunda Revolución Peronista” de César Arizmendi

RELATOS DE LA SEGUNDA
REVOLUCIÓN PERONISTA

Capítulo 31

Vivimos en un mundo de palabras inventadas, de las que no conocemos su significado sino que creemos saberlo, o inclusive le otorgamos un significado de acuerdo a la manera en que las escuchamos, en el contexto en que se las dicen o simplemente la circunstancia en que se las dice o de acuerdo a la persona que las dice.

Trucho, falopa, berreta, son palabras que ni siquiera están en algunos  diccionarios, por lo cual su significado es relativo a lo que cada uno quiera entender, a veces hasta exactamente lo contrario de lo que se quiso decir. Lo mismo pasa con algunas palabras reconocidas para significar categorías filosóficas o políticas que a fuerza de tergiversar la definición teórica con prácticas contrarias, terminan vaciando su contenido inicial. Gastando las palabras.

Podría hablar del progresismo como aquella idea y acción que apunta al progreso, sea de un país, del mundo o de una persona. Si Martínez Raimonda decía que era progresista (tanto es así que fue diputado nacional  y presidente del Partido Demócrata Progresista) se podría entender que ser progresista es acompañar los golpes de Estado, ser frontalmente antiperonista e intentar una política dirigida a las capas más acomodadas de la sociedad. Si lo dice Chacho Álvarez puedo entender que los militares lo persiguieron, que su formación política es peronista y que su acción quiso ser en beneficio de los desposeídos.

Hace poco en un programa de televisión, dos periodistas “progresistas” conversaban con gravedad acerca de la realidad nacional: uno reporteaba al otro, y ante la disyuntiva acerca de lo que analizaban como el enfrentamiento entre Clarín y el gobierno (estaban en un canal del grupo Clarín, que gracioso), el más novel le pregunta al más experimentado:

― ¿De qué lado te ponés?
La respuesta fue inmediata
(como guionada).
― Mirá, en cualquier pelea, siempre
me voy a poner del lado del más
débil. Y en este momento,
aunque no parezca, el más
débil es…
― ¡Es Clarín! ―dijo el novel.
― Es Clarín ―finalizó en un susurro
(como con vergüenza)
el experimentado.

Unos días después Estela de Carlotto comentaba el episodio y con la sabiduría de una abuela y el ingenio del pueblo acuñó una definición sociológica/antológica única. ¡Son unos papanatas!

La lucha es nacional y es popular, y el que se pone “del lado de ese más débil”, en este caso, es un tilingo, un progre, o pertenece a esa definición magistral de la filosoía popular: Un papanatas.