LA PELOTA NO SE MANCHA

Del cuaderno de tapas rojas de Joaquín Arroyo.

LA PELOTA NO SE MANCHA

Escaleta pre-guion. Primer borrador de una idea para mediometraje de 26 minutos.

  1. CALLE DE UN PUEBLO PATAGÓNICO. Vemos venir, empujando una vieja carretilla por la calle polvorienta de un pequeño pueblo sureño con mar, a un hombre muy maduro, seguramente jardinero por las herramientas que porta. Se detiene el hombre frente a una casa, entra con confianza al jardín y golpea la puerta. Mientras, un locutor en off o un cartel sobreimpreso nos dice:

“Triste cosa es no tener amigos. Pero más triste es no tener enemigos. Porque quien enemigos no tenga, es señal de que no posee: ni talento que haga sombra; ni bienes que se le codicien; ni carácter que impresione; ni valor temido; ni honra de la que se murmure; ni ninguna cosa buena que se le envidie”. José Martí.

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2. INTERIOR DE VIVIENDA. TÍPICA CASITA DE PUEBLO. Se ha armado la charla en la cocina. Planos cortos muestran el lugar, los gestos de cebar y tomar el mate, la conversación. TÍO RAÚL, el recién llegado, y el matrimonio de la casa DON PANCHO y DOÑA LINA. Los tres han pasado los setenta años. Humildes, trabajadores; son jubilados pero no pueden dejar de hacer alguna actividad. La cultura del trabajo. Desde la infancia han compartido sus vidas, siempre juntos en el pueblo; conocen sus alegrías y sus penas, son amigos. Tío Raúl, un hombre enjuto y esmirriado que contrasta con su compañero a quien se lo ve más fornido y entrado en peso, les cuenta por fin que después de tantos años ha regresado Marcel y quiere hablar con Pancho. Por un instante la escena se congela ante la sorpresiva revelación. Una sonrisa de Pancho corta la turbación de Lina mientras Tío Raúl comienza a dar detalles de su encuentro con Marcel: ha llegado hace dos días, muy enfermo, terminal. Contó que después de dejar el pueblo, viajó un largo tiempo y terminó instalándose en Lion, Francia, de donde vinieron sus padres; ahí tenía parientes. Estudió y se convirtió en escultor con trabajo y fama en toda Europa. Durante más de medio siglo formó familia; conoció éxito artístico y económico; enviudó, enfermó arduamente; y antes de despedirse, entregó todo a sus hijos. Nunca había olvidado a su pueblo, y aquí está… Y quiere hablar con Pancho, antes que sea tarde.

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3. INTERIOR DE LA COCINA. Sigue la charla de los tres amigos. Primeros planos y detalles de la escena alrededor de la mesa y la conversación, empiezan a alternarse por fundidos con una serie de imágenes en fotografías, dibujos y filmaciones que ilustran la memoria mezclando detalles de la reunión con “flash back” del momento evocado (secuencias del filme, de retroceso en el tiempo): Tío Raúl, un poco menor, solía acompañar completando el grupo de amigos inseparables con los otros tres, a comienzos de la década de 1950. Hoy les confiesa que él, como tantos otros vecinos, se había dado cuenta que Marcel y Pancho estaban secretamente enamorados de Lina, que no se daba por enterada o simplemente no se decidía a enfrentar la cuestión. El pueblo estaba dividido por una brecha insalvable: de un lado los hinchas del Club Atlético, y del otro los fanáticos del Sportivo. Clubes que acaparaban los sentimientos, las pasiones y gran parte de la energía de los habitantes de una localidad sin muchas actividades ni posibilidades de desarrollo. Para sumar a la competencia personal de nuestros personajes, una circunstancia especial: ellos eran los ídolos futbolísticos del pueblo, pero… Pancho, goleador estrella del Atlético, y Marcel el arquero invicto del Sportivo en ese año en que ambos equipos habían llegado a la final del Torneo Provincial por primera vez en su historia. Suspenso, expectativa, pasión, amores y odios, reinaban en esos días previos al cotejo que decidiría al campeón, para gloria de una mitad y martirio de la otra… La charla se llena de nostalgia cuando Tío Raúl les recuerda la apuesta: Lina, coqueta y divertida, entre chistes y chanzas enfrentó a ambos jóvenes… y sin más, propuso casarse con el que saliera vencedor del partido que se avecinaba. Hoy, en su cocina, ella asegura que fue una broma, pero Marcel y Pancho lo tomaron muy en serio.

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4. SENTADOS ALREDEDOR DE LA MESA (Dibujos, fotos de archivos y filmaciones de la época animan y dan ambiente a la escena evocada). Pancho ha traído unas fotos y continúan la charla y los recuerdos. Repasan los momentos del partido, y de la charla surge un relato que grafica la substancia del conflicto que está desarrollado hasta ese momento: toda la gente del pueblo y toda la tensión del mundo en la cancha; muy parejo en el juego y la entrega. Faltando un par de minutos para el final, Marcel que en el primer tiempo ha atajado un penal que pateó su amigo, se prepara para lo que puede ser la última jugada: tiro de esquina que vendrá desde su lado izquierdo. Pancho en el área chica esquiva empujones y agarrones de los defensores mientras la pelota vuela hacia él. Cabecea, el arquero se estira en un salto y rechaza corto; rebotes a escasos centímetros de la línea de gol; Pancho se lanza hacia adelante, con su mano derecha se ayuda y entra al arco con pelota y todo. ¡Goool!… El goleador sale corriendo en un festejo interminable mientras Marcel y sus compañeros prácticamente atacan al árbitro, protestando por la evidente injusticia de convalidar ese gol y no cobrar la infracción del “nueve”. El arquero es el más vehemente, se enardece e insulta y golpea al réferi que lo echa de la cancha y, segundos después, da por terminado el partido. Marcel se ha ido corriendo al vestuario en el marco de la batahola del festejo de unos, y las protestas de otros. La cancha es un caos, y al guardavalla no vuelven a verlo. Celebraciones, fiestas, cargadas, lamentos y peleas se sucedieron en los siguientes días y meses. Entre otros acontecimientos: el casamiento de Pancho y Lina, que se cansaron de buscar y averiguar por el paradero de Marcel que hubo de dejar el pueblo sigilosa y sorpresivamente justo al terminar el partido, y que resultó determinante en la vida de nuestros personajes cuando transitaban la adolescencia… Ahora van a ir al hospital para verlo a Marcel como lo pidió.

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5. EN LA CALLE FRENTE AL HOSPITAL. Con paso inseguro, tomados de la mano, la pareja se dirige a la entrada. Compran en el kiosco unas galletitas y una botella de agua mineral antes de entrar.

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6. INTERIOR DEL HOSPITAL DEL PUEBLO. En la sala general, Marcel apenas consciente, está acostado en una cama al lado de la puerta de una habitación con otra cama vacía. Tiene en la mano una antigua pelota de cuero usada, de “doce gajos” como se les llamaba en su época. Entran Pancho y Lina y le brindan una pequeña sonrisa mientras se acercan a saludarlo. Con cautela y sequedad que tornará a cortesía intercambian informaciones durante cinco minutos en los que Marcel parece extinguirse… Al rato, con la esperanza de reconstruir la relación, y continuar esa charla baladí con incómodos silencios en otra oportunidad, la pareja se despide y comienzan a retirarse cuando el enfermo pide a Pancho que se acerque un momento; le muestra la pelota. Lina sale por el pasillo; la cámara sigue a Pancho que se acerca a la cama; debe inclinarse y acercar su oído a la boca de Marcel que le habla apenas audible, mientras suelta el balón que cae a un costado. Un paneo de la cámara en primer plano pasa y nos muestra que el enfermo le sostiene la cabeza contra su pecho, con toda la fuerza que puede de su mano izquierda…

“Vous avez fait le but avec la main” (Vos hiciste el gol con la mano), dice, susurra; el PP (primer plano) muestra al pasar, que su mano derecha saca un revólver 32 Largo caño corto que tenía bajo la sábana; el paneo de la cámara se detiene sobre la pelota en el suelo, cuando escuchamos un disparo y luego otro… y vemos gotas de sangre que caen sobre la vieja doce gajos.

7. CRÉDITOS SOBREIMPRESOS. Imagen de las gotas cayendo sobre la pelota.

Fin