JITANJÁFORA

Del Cuaderno de Tapas Rojas de Joaquín Arroyo

Por El Róber Arizmendi

Palito Ortega, el flaquito del Club del Clan, era “Palega Ortito”… Al coche “Chevy two” del piloto Jorge Cupeiro, que revolucionaba en aquellos años sesenta al Turismo de Carretera: el “Chevitú de Cupeiro”, le decíamos “el Chevipeiro de Cupitú”. En aquella adolescencia de la secundaria en el Colegio Nacional Urquiza nos enteramos que cuando, para hacernos los graciosos hablábamos intercambiando sílabas de una palabra con la siguiente en procura de conseguir una sonoridad agradable aunque resultara un enunciado carente de sentido, estábamos utilizando un recurso poético literario… “Jitanjáfora, se llama eso, algo así como el monólogo automático de los surrealistas puros”, nos explicó la profesora Pilú; “Así como en prosa es también usado por Cortázar en el capítulo 68 de ‘Rayuela’. Ustedes usan la Jitanjáfora con una variante de este recurso vanguardista que consiste en alterar la morfología de las palabras dislocando sus morfemas y pasándolos a otras palabras adyacentes, como en la jitanjáfora: “¡Democrad! ¡Libertacia!” de Carmen Jodrá”. Si bien mientras escuchaba, yo estaba pensando en Mery, la profesora Pilú era tan eficiente que igual me dejó esa curiosidad y ese amor por la literatura que ahora trato de transmitir para el disfrute de lectores curiosos e interesados.

En su libro “Vivir para contarla” Gabriel García Márquez, cuándo no, recuerda su época de muchacho alrededor de una poética jitanjáfora. Y así dice: “…Regresé al colegio, obnubilado por completo por un disparate genial del poeta bogotano José Manuel Marroquín, que enloquecía al auditorio desde la primera estrofa… No sólo introducía el desorden por donde pasaba recitando las ristras interminables del poema, sino que aprendí a hablar con la fluidez de un nativo de quién sabe dónde. Me sucedía con frecuencia: contestaba cualquier cosa, pero la respuesta era siempre tan extraña o divertida, que los maestros se escabullían. Alguien debió inquietarse por mi salud mental, cuando le di en un examen una respuesta acertada, pero indescifrable al primer golpe. No recuerdo que hubiera algo de mala fe en esas bromas fáciles que a todos divertían”.

“AHORA QUE LOS LADROS PERRAN” de José Manuel Marroquín, colombiano (1827-1908), que fue Presidente de su país.

Ahora que los ladros perran,
ahora que los cantos gallan,
ahora que albando la toca
las altas suenas campanan,
y que los rebuznos burran,
y que los gorgeos pájaran,
y que los silbos serenan ,
y que los gruños marranan,
y que la aurorada rosa
los extensos doros campa,
perlando líquidas viertas
cual yo lágrimo derramas
y friando de tirito si bien
el abrasa almada,
vengo a suspirar mis lanzos
ventano de tus debajas. 
Gabriel García Márquez

Jitanjáfora: Texto carente de sentido cuyo valor estético se basa en la sonoridad y en el poder evocador de las palabras, reales o inventadas, que lo componen.

Jorge Cupeiro y su Chevy Two