REFUTACIÓN DEL PERIODISMO

Un texto imperdible que para apreciarlo en toda su dimensión, y ganar años de experiencia y reflexión de un solo saque; aconsejo leerlo en voz alta… dos veces por lo menos. Y totalmente.

Alejandro Dolina del libro: “Crónicas del Angel Gris”

REFUTACION DEL PERIODISMO I

Según una historia inventada por Borges, el célebre médico y filósofo Averroes jamás había tenido noticia de la existencia del teatro. Así, cuando un viajero le cuenta que ciertas personas fingían sufrimientos y pasiones delante de otras, el hombre se llena de perplejidad. Tal vez, si alguien expusiera ante el propio Averroes los caprichosos entreveros de causas y efectos que dan lugar al periodismo, también provocaría el asombro del pensador cordobés. Es que el periodismo es una cosa absurda: un grupo de trabajadores procura que el mayor número posible de personas conozcan ciertos episodios supuestamente interesantes. Tales episodios no tienen, como podría suponerse, un propósito educativo, aleccionador o artístico. Son simplemente cosas que ocurren en diferentes lugares del mundo: un hombre estrangula a su cuñado en Estambul, aumenta el precio de los cereales en Oslo, reeligen a un concejal en Manila. Y las muchedumbres pagan para enterarse de estos hechos. La sorpresa de Averroes sería mayor si alcanzara a enterarse de la indirecta intervención que a través de la publicidad tienen los vendedores y mercaderes en todo este proceso. Nuestra vecindad con tan fantásticas realidades nos exime del estupor, así como los habitantes de Iguazú no caen desmayados cada vez que ven las cataratas. Sin embargo, tal vez valga la pena especular un poco sobre este apasionante asunto. Hasta los espíritus más obtusos reconocen que el auge de los medios de comunicación ha cambiado la vida de los hombres a partir del siglo XIX. Cada vez resulta más dificultoso preservar impoluta la ignorancia. Las noticias y los conocimientos acechan en todas partes. La radio, la televisión y los diarios nos arrojan nociones en la cara y ya no es posible evitar enterarse de cosas tales como el nombre del presidente de los Estados Unidos. Todo esto no está mal, si se razona que es preferible ser ilustrado. Hay infinidad de argumentos para demostrar la importancia del periodismo y no es la intención de este opúsculo la insistencia en postulados que se caen de maduros. Hay que decir – eso sí – que existen unas cuantas consecuencias indeseables en todo esto. Por ejemplo, si se aspira a prosperar saciando curiosidades, es natural que se trate de incrementar la sed de noticias. Es por eso que los profesionales de la comunicación insisten en manifestar que es indispensable leer revistas o sintonizar ésta o aquella audición. Diariamente se nos propone como paradigma el “hombre bien informado”, que al parecer es un sujeto que conoce la cotización del franco suizo, las andanzas sentimentales de los cantantes de boleros y los problemas que presenta el cultivo de papas en Balcarce. Pero sucede que la exposición periodística está condenada fatalmente a cierta economía de razonamientos que no siempre conduce al conocimiento cabal. Y se produce entonces un fenómeno que a mi juicio es fatal para el pensamiento de nuestro propio tiempo: millones de personas creen saber cosas que en realidad ignoran. El mundo está lleno de mentecatos que se consideran en el caso de opinar sobre cualquier cuestión. Utilizan para ello opiniones ajenas, menesterosos argumentos que se venden a tres por cinco y cuya difusión corre – casi siempre – por cuenta del periodismo. Existen revistas que explican la teoría de la relatividad en dos carillas y con una ilustración que muestra a dos trenes que parten al mismo tiempo de estaciones diferentes. Los diarios solventan una teoría audaz acerca de las causas de la inflación mediante un recuadro de dos columnas. Y aún desconociendo yo enteramente la teoría de la relatividad y las causas de la inflación, me atrevería a jurar que se trata de arduos asuntos, cuya cabal comprensión reclama mucho más que diez minutos. Quizá pueda decirse que esto sucede porque el periodismo ha extendido su campo de acción y no contento con informar, opina y esclarece. Es posible. Un amigo mío sostiene que esta situación no es culpa del periodismo. A lo mejor no existen maestros en estos días. Tal vez no abundan aquellos espíritus rectores a quienes el futuro visita por anticipado. Y ante la ausencia de grandes mentores, la opinión general es conducida no por filósofos, sino por locutores (…)

(…) Cabe como meditación final, recordar que éste fue originalmente un artículo periodístico. Con eso quiero decir que su lectura podrá servir para matizar la espera en la peluquería, pero jamás para empaparse en el conocimiento de nada. Este morocho que escribe no tiene más pretensiones que suscitar pequeñas inquietudes. Para satisfacerlas habrá que recurrir a los que saben.

(continuará?…)