TO BE (SER) OR NOT TO BE (NO ESTAR)

Ser o no estar – Estar o no ser – Ser o no ser – Estar o no estar (traducción literal)

Si leemos en castellano, nuestro idioma, un monólogo escrito por William Shakespeare en inglés (del siglo XVI), en realidad estamos leyendo el trabajo y la inspiración del traductor. Mi amigo José Luis Bórquez me acercó la traducción del soliloquio en el que Hamlet reflexiona sobre el suicidio, el más famoso texto de la historia del teatro (y poco verdaderamente sabido: “ser o no ser, etcétera, etcétera”), que se podría retitular: “Más vale malo conocido, que bueno por conocer”; es este que comparto, para leerlo por lo menos dos veces:

Existir o dejar de existir, ese es el dilema. Definir si es mejor para el alma soportar las flechas y pedradas de la fortuna injusta, o armarse contra un mar de adversidades y darles fin de un solo golpe.

Morir es dormir… ¿Nada más?… Si por sólo soñar diremos: “se acabaron las aflicciones y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza”… Ese es un final que deberíamos buscar con ansia.

Morir, dormir… y tal vez soñar. Sí, ese es el escollo que aparece ante la decisión; porque el imaginar qué sueños podrán ocurrir en el silencio de nuestro sepulcro, ya libres del agobio terrenal, es una reflexión que frena el juicio y nos lleva a aumentar las desgracias y hace nuestra infelicidad tan prolongada. ¿Quién, si esto no fuese así, aguantaría la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las humillaciones que mansos recibimos, el insulto de los hombres más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios? Cuando el que esto sufre pudiera procurar su quietud con sólo un puñal. ¿Quién podría llevar tan duras cargas y tolerar tanta opresión, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida molesta, si no fuese por el temor de que existe alguna cosa más allá de la Muerte (aquel país desconocido de cuyos límites ningún caminante vuelve), temor que confunde nuestra voluntad y nos impulsa a soportar aquellos males que nos afligen, antes que lanzarnos a otros que desconocemos? Esta previsión nos hace a todos cobardes. Así la natural tintura del valor se debilita con los barnices pálidos de la prudencia; las empresas de mayor importancia por esta sola consideración tuercen su curso, no se ejecutan y se reducen a designios vanos.